"J", un buen hombre en sus 30's, vive y trabaja en la zona de refugiados en donde la vida es caótica pero, aparentemente, más libre que en las zonas privilegiadas. Aún ante tan inclemente ambiente él ha logrado conservar una personalidad amable, positiva y llena de esperanza. Gracias a la zona en la que se desarrolla y el anonimato que ésta otorga, ha logrado tener una estrecha relación con su madre, quien trabaja todos los días atendiendo un pequeño puesto de dulces. "J" ha heredado de ella ese sentido optimista y esperanzador que le distingue, es por ello que todos los días se levanta con la ilusión de encontrar la forma para mejorar su nivel de vida y este día "x" no es la excepción, pues además hay algo que llena su pecho de emoción; su madre ha ahorrado el dinero suficiente para obtener el permiso para vender en la zona privilegiada de la ciudad. Ella le ha encomendado a "J" realiza el pago final. Él sale apresurado de su casa pero antes de dar el último paso para lo que será el inicio de una nueva vida, debe ir a su trabajo como cargador. El pedido a transportar demora demasiado por lo que él comienza a ponerse nervioso y desesperar pues debe llegar puntual a la entrega para, sobre todo a la cita de la tarde. Por fin llega el pedido, sin siquiera revisarlo, lo carga y apresura el paso lo más rápido que puede, entonces se encuentra de frente con una mujer en sus 50's que también va muy deprisa y sin mirar realmente el camino, por lo que no se percata de la presencia de "J" que esta a punto de embestirla, pero él logra frenar su paso y ella sólo atina a insultarlo y gritarle, por su parte él no se detiene mucho aún cuando le ha provocado cierta molestia. Finalmente logra llegar con su jefe y ya que le es pagado el trabajo busca en sus bolsillos y no encuentra los ahorros de su madre, él desespera cada ve más hasta que nota que realmente los ha perdido. No hay opción, es momento de enfrentar la verdad.
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